Nuestra comunidad conmemora el centésimo vigésimo primer aniversario de su establecimiento en “la Caleta del Oeste”, cuando los pobladores del “Saco Viejo”, hoy San Antonio Este, tras casi dos décadas de padecer aquel solar aislado, desértico y sin agua, decidieron venir donde hoy estamos.
Nuestra historia comunitaria está signada por el sacrificio y abnegación de sus pobladores, que sabían que la única manera de transformar su penosa realidad, era con pico y pala, y no con discursos.
La historia sanantoniense está colmada de casos que lo confirman, como por caso la construcción por parte de los vecinos del palacio municipal, la comisaría y el primer hospital rural, ya que no quisieron esperar a que la burocracia les resolviera sus necesidades.
Por supuesto que la llegada del ferrocarril, a partir de 1912 y hasta los 80 en que Menem desarmó la red ferroviaria nacional, fue protagonista importante de la vida cotidiana, y perdura gracias a la tozudes rionegrina, de al menos mantener el ramal Viedma / Bariloche.
A estos logros se suman los edificios de las sociedades de los italianos y españoles, quienes, mano a mano, y cinchando todos para el mismo lado, atendían a sus compatriotas más necesitados y desarrollaban intensa actividad social y cultural.
No fue un tema menor la mezquindad de agua apta para el consumo, la que por más de 7 décadas se recibía a través del ferrocarril, y luego con camiones se distribuía casa por casa, donde se atesoraba y se aprovechaba hasta la última gota.
Los datos indican que pese a esa carencia, se realizaron obras de construcción de edificios públicos, comunitarios, comerciales y particulares, donde junto con la cuchara y el fratacho, los albañiles buscaban, llevando tambores o barriles sobre sus carretillas, el agua para trabajar, y hasta había quién tenía sus propios jagüeles para proveerse.
Mas cercano en el tiempo, cuando el gas natural llegó a nuestra ciudad, los vecinos “del otro lado de la vía”, realizaron las obras para el tendido de la red que les permitió acceder a una mejor calidad de vida.
Para este propósito hubo vecinos que pudieron pagar con dinero la obra de sus frentes, pero no fueron pocos, los que a falta de efectivo, la pagaron “a pico y pala”, cavando las zanjas por las que su asentaba el tendido.
En ese mismo espíritu nació Las Grutas , donde al principio un grupo de “muchachos rana”, construyó la primera vivienda de nuestro balneario, y tras de ellos, poco a poco los sanantonienses fueron construyendo, hasta que con la llegada de la ruta desde “El Solito”, trajo a los “valletanos” y Barilochenses, y hoy es un lugar, hasta si se quiere, cosmopolita
Hoy gracias a la dirigencia “que supimos conseguir”, pareciera que, sin la intervención de ellos, no se puede ni siquiera pensar en lo que necesitamos y nos hace falta, hasta en un verdadero sentido mendicante.
Esta realidad es la que nos lleva a preguntarnos el título de este soliloquio, ¿Cuándo y dónde perdimos el tren?; ¿Dónde quedó ese espíritu que tenían nuestros precursores? Y a partir de las respuestas volver al camino que ellos trazaron, ya que, si no lo hacemos por nosotros, hagámoslo por nuestros nietos, porque el futuro no pide permiso, y los desarrollos en marcha se van a realizar lo queramos o no, y de nosotros será la disyuntiva ¿queremos ser testigos o protagonistas? Julio Ramón Alcalde. –
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